Estoy trabajando en un despacho donde, otros horrores decorativos hay unas banderillas con la bandera de España apoyadas en una cornamenta de ciervo, cuadros de algún hijo de la Gran Bretaña que le dió por empezar a pintar y fué regalando sus primeros horrores. Y para culminar la escena: un puma disecado sobre una roca. Todo esto cuelga de las paredes. Vamos que no hay más de 1 m2 de pared inmaculada. Con gotelet, of course.
Todo esto me lleva a una serie de reflexiones:
1. Qué necesidad hay de llenar el espacio con mierdas por muy regaladas que sean? Un ataque de sinceridad a tiempo serán años de salud mental y visual en el futuro. Esto es la auténtica medicina preventiva y no la media aspirina.
2. Porqué no le da a la gente por coser en vez de pintar? Es más útil y los horrores son más fáciles de guardar/esconder. Ante un regalo envenenado, nada mejor que una respuesta: Es una pena, pero no me hace juego con los cojines, la alfombra y el color de mi laca de uñas.
Ante la insistencia, usar el : cabrón, cuando aprendas a pintar me haces un retrato, mientras tanto regala tus ¿cuadros? a tu madre, que es la única que lo va a apreciar, pero no llenes mi vida y mi casa con tus experimentos a menos que yo te lo pida.
3. Nos encaminamos al minimalismo más furibundo a costa de obligarnos a vivir entre el horror vacui. De hecho vaticino que en dos generación las manivelas doradas en las puertas serán motivo de mofa.
4. Puede ser que exista el mal gusto con mayúsculas. Y haya gente que disfrute con todos estos horrores a su alrededor, claro que eso me lleva a otra reflexión. ¿Cuantos de estos horteras de bolera limpian el polvo a sus horror-reliquias?
No os digo más.
jueves, 18 de febrero de 2010
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1 comentario:
Si yo tuviera que trabajar con esos especímenes por las paredes me daría un jamacuquillo. Y, ante lo difícil de decir que no, siempre existirá el bendito trastero para guardar las aberraciones artísticas del personal. Me moooolaaaaa mucho tu blog nena!
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